Tipo Casa era uno más de nuestra lista de deseos, antojos, locales para ir, etc., y por una serie de desventuras y infortunios – léase ir cuando está cerrado, llegar allá y no tener reserva, ir sin plata, sentirse mal en el medio del camino -, nos pareció en un momento que nunca íbamos a llegar al local. Pero llegamos. Aprovechá y anotá eso: hacé de nuestras desventuras y infortunios tu zona de conforto. Mirá bien las fotos, principalmente la de la entrada, y acordate de que estamos yendo a un restaurante a puertas cerradas, que sólo (únicamente, nada más que), funciona con reservas. ¿Ok? Bueno. La costumbre de ubicarse por las calles de Buenos Aires, a través de esquinas (“mirá, estamos en calle Y, entre calles X y Z”) y el hecho de que siempre hay carteles que te avisan: ‘’Acá estamos”, no anotamos el numero del lugar. ¿Qué hicimos? Inspeccionamos casa por casa, hasta darnos con un portón electrónico que mínimamente poseía un adhesivo que indicaba nuestro suceso.
Tocamos el timbre, y vino la simpática dueña a recibirnos – en ese momento mucho me gustaría acordarme de su nombre. Caminando por el pasillo del antiguo y mal cuidado edificio, de paredes descascadas y una vieja bicicleta tirada de cualquier manera, sería lo suficiente para ponerle a alguien preocupado que no supiese a que local se dirigió.
Pero sólo con el hecho de entrar en el departamento que los músculos de la cara, antes contraídos, inmediatamente formasen una sonrisa. El primer ambiente es un jardín interno que ya demostraba la decoración, para nada formal, del Tipo Casa. Prueba de que todo en la vida es subjetivo, acá también las paredes estaban descascadas, pero de una manera, más allá de irresistible, encantadora y acompañada por una pequeña bodega, algunas mesitas, y más adornos que nuestros ojos pudiesen contar.
Una opción más relajada entre las pocas mesas que la casa ofrece es esa más bajita, con sillones y butacas, excelentes para los que prefieren quedarse tirados, disfrutando del ocio y la fiaca.
Inevitable no seguir investigando cada rinconcito antes de la cena. El exagero de dibujos, colores y objetos es equilibrado con una iluminación sutil y, les confesamos que, hasta los cables y enchufes que aparecen son parte de la pintoresca experiencia casera que el lugar propone.
El antiguo espejo ayuda a captar más la onda del restaurante que, en el momento de la foto, contaba con Che Guevara y Che Boludo en el mismo encuadramiento.
Una mirada más por la puerta típica de construcciones antiguas, y una gran cantidad de carteras, mochilas y ropas juntas que no podríamos distinguir si pertenecían a los dueños o a los clientes. Independiente y más allá de la mezcla, tenía todo que ver con el local.
Curiosos, fuimos hasta al baño, que posee el mismo estilo que el resto de la casa. Pero para, no piensen mal. Me senté no más para sacar la foto.
Ya confortables en la mesa, el detalle del origami doblado en formato de flor nos llamó la atención.
Así como también el encantador y simple menú, con linda caligrafía.
Claramente un vino era necesario, y entre menos de diez sugerencias de la carta elegimos un Chardonnay 2009, Finca El Portillo. Liviano, despretencioso, cumpliendo muy bien el rol prometido.
Hasta que los aromas del blanco fueron invadidos y reemplazados por un perfumen absolutamente irresistible, mientras escuchábamos el magistral TSSSSSSSSSS de algún ingrediente dorándose en la cacerola llena de aceite de oliva. Al igual que dibujos animados, salimos fluctuantes, hipnotizados por el olor, siguiendo la ruta perfumada hasta darnos con la raíz de la misma. En la cocina, encontramos la pareja. Ella, que ya había nos conocido al abrir la puerta, miraba atentamente al chef con los ojos cómplices de apasionados, y por estos segundos pensé más en el amor que en el hambre que tenía.
Pero todo el sentimentalismo desapareció cuando llegaron los platos en la mesa. Primero, un pollo preparado con especiarías marroquíes con trigo rojo, que según la descripción del plato, era dedicado a Gonza que trajo las especias. Yo, particularmente, tuve ganas de llamar a Gonza y agradecerle por los ingredientes.
¿El otro plato? Lomo con crema de hongos de pino con risotto de vino dulce, dedicado a Juan José y a Hugo, pero sin decir las razones del cumplimiento.
Felices por finalmente haber conocido el Tipo Casa, la pareja se retira, satisfecha, luego de pagar una cuenta de $100. Es inevitable pensar que tal sensación era justamente lo que la otra pareja, los dueños, deseaban cuando – me imagino yo, entre besos, miradas y sueños -, decidieron que serian felices cocinando y sirviendo para ilustres desconocidos. Como si estuviesen… tipo… en casa.
Tipo Casa
Bulnes 843, timbre C (esq. Guardia Vieja) – Almagro.
Cap. Federal – Buenos Aires
(11) 4866 2854 – solamente con reservas
www.tipocasa.com.ar
Mapa
Vayas si: querés salir del jet set porteño.
No vayas si: tenés problema con cartas sin mucha variedad.
Comer y Amar: nos quedo el rezar.
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Tipo Casa: puertas cerradas, sonrisa abierta
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