El speakeasy Puerta Uno

Ah, las fachadas. Claro que la entrada bonita de un local es parte del suceso de ciertos emprendimientos. Sea esa imponente y grandiosa, o seductora y invitadora, una linda fachada puede hacer la diferencia para llamar la atención de los que pasan por el lugar y, de esa manera, aumentar la cantidad de consumidores. Ahora, bien, mirá eso. Mirá esa fachada y decime si hay cosa más horrible que esa:

Entre la suciedad de la calle, el terrible aire acondicionado y el estacionamiento para motos, no se imagina que acá quede Puerta Uno. Esa casa antigua posee una de las decoraciones más lindas de la ciudad, cada ambiente se destaca y se impone por algún detalle que demuestra el cuidado de Robertino Tarantini, el dueño, cuando pensó en ese speakeasy.

Todos los rincones acá, son especiales. Algunos ambientes, como el área externa de la foto anterior – cerrada, obviamente, en el invierno porteño -, son rellenadas con grandes sillones y fiacas que, bajo la sutil iluminación, mezcla el conforto de la oscuridad con un brillo de boliche copado. Además de eso, otro punto a tener en cuenta sobre ese grandioso bar es su cuidado con la publicidad. Al revés de simplemente “venderse”, Tarantini supo tener buenas ideas y mezcló los patrocinios con las decoración de su Puerta Uno. O sea, al revés de ponerle una pantalla de LCD cualquiera, las mesas altas que imitan balcones de bar son vigiladas por un Campari semejante a los globos espejados que brillan en el ambiente.

Para completar la mezcla de elementos en la decoración, un techo de paja arriba de la barra confiere un acento rustico para el local. Y no te preocupes, además del atrevimiento, nada acá es exagerado.

Pero excesivos fueron nuestros pedidos. Empezamos con un algo liviano: una dosis de Absolut Red Ruby con hielo.

Ya sabiendo que eso no iba terminar tan bien, pedimos una tabla de quesos, aceitunas saladas, jamón crudo, nueces, salame, tomates secos, tostadas…

Bueno, ahora volvemos a los tragos. Sugerencia del jefe de la barra, un exclusivo drink molecular de la casa: Manhattan Mercurio. Básicamente, imita la consistencia del mercurio, uno de los elementos más raros de la química. Tan raro que fue imposible sacarle fotos. Así, no dejes de mirar el video en cual, literalmente, soplamos la bebida, y mírale el efecto.

Seguimos… era hora de probar la carta de autor del bar, pero no molecular. Primero, un Absolut Passion, con maracuyá, pomelo, cranberry y Absolut Appeach. Un trago para chicas.

Después, un Jamaica Sea Breeze, con Run Havana Blanco, jengibre, pomelo y cranberry.

Y cerramos con un Beijing, que llevaba sake, cranberry, lima y jengibre (sí, sí, pedimos casi todo parecido ese día).

El encanto final quedó por cuenta de una fondue de chocolate con frutas, muy bien presentada:


¿Sinceridad? Ese relato, que no vale nada, no dice ni la mitad de cómo a nosotros nos encantó Puerta Uno. Y nos hicimos una promesa: volver cuanto antes sea y ahí recién, puede ser que ese relato gánese un final digno de esa maravillosa experiencia. Porque con $25 por trago, queríamos disfrutar ese bar por lo menos una vez por semana.

Puerta Uno

Juramento 1667 (esq. Arribeños) – Barrio Chino.
Cap. Federal - Buenos Aires
(11) 4706 1522
www.puertauno.com
Mapa

Vayas si: te gustan las noches movidas, pero sin tumultos.
Ni pienses en ir si: tenés miedo a tocar el timbre y que no te dejen entrar.
Speakeasy: la mejor idea.

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